DIVAGACIONES

 

UN ATLAS DE MUJER           

 La mujer es como un atlas de carreteras, tiene caminos muy recorridos, otros en cambio son poco visitados. Hay lugares en los que se puede hacer un alto, descansar ahí y en otros es mejor seguir de largo. Los tramos de curvas se deben tomar con precaución, pues más de un accidente ocurre ahí.

   En ocasiones vale la pena regresar a un lugar, otros son una decepción y es mejor continuar. Tiene lugares muy populares en los que todo mundo se detiene, pero se puede transitar por aquellos que pocos conocen. En ocasiones se pueden tomar otros rumbos y detenerse en parajes pintorescos a descubrir artesanías locales bellamente confeccionadas.

   Pero ni el mejor juego de mapas te salva de perderte más tarde o temprano por esos senderos. Y es que sobre todo, una mujer es siempre un camino por descubrir. 


IMAGENES DE PISCINA

La fachada trasera del hotel se mueve temblorosa sobre el mosaico azul del fondo de la alberca. Más allá, un segundo nivel es utilizado por un padre y sus hijos, observados por la esposa que aliviada ve al marido hacerse cargo de ellos, sobre todo del mayor, quien ha estado llorando un buen rato.

   Al fondo, una red para voleibol separa una última sección para aquellos con deseos deportivos. Sobre unos camastros, una pareja sueña despierta que su reciente romance durará toda la vida. Más allá otra pareja, estos ya de edad, se protegen bajo la sombrilla y leen en silencio separados por varias hojas y demasiados años juntos. A sus pies pasa brincando un pájaro negro bastante feo; tiene solo unas pocas plumas en su cola y la cabeza toda alborotada, tal vez producto de la lucha por las sobras de comida que dejan los huéspedes del hotel.

   Un hombre observa todo esto; aparenta unos cuarenta y pico de años, pelo negro, lacio y un poco largo. Su cuerpo deja ver el resultado de algún tipo de ejercicio físico. Se levanta y camina hacia la regadera al lado de la alberca y se mete bajo el torrente fresco. Regresa chorreando agua y confianza en su caminar.

   Se dirige a la alberca y al llegar a ella parece atraer las miradas de las personas que disfrutan del sol y las instalaciones del hotel. Con destreza salta a la piscina y se zambulle en las claras aguas, nada con estilo suave pero firme varias veces hacia uno y otro lado, mientras los demás veraneantes parecen hacerse a un lado como en un mudo homenaje al tritón que se ocupa de las aguas.

   Sale por las escaleras y se dirige a su camastro otra vez. La alberca parece retomar su movimiento y algarabía de antes, unos ríen, los padres gritan consejos inútiles y las madres miran disimuladamente al hombre que se retira hacia el lugar desde donde domina todo el panorama.

   La imagen temblorosa de la fachada trasera del hotel sigue sobre las aguas azules del fondo de la piscina. El pájaro negro llega saltando hasta donde se encuentra el hombre, lo mira fijamente y respetuoso eleva su vuelo.

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